En Honduras “no hay inmunidad para nadie” ha dicho repetidas veces el Presidente Porfirio Lobo Sosa. Pero hay dificultad para que lo entiendan, dentro y fuera de Honduras. Si desde la OEA se promoviera realmente la democracia y el Estado de Derecho, no debería ser difícil comprenderlo. Pero persiste la voluntad de archivarle los procesos a un ex presidente hondureño que promovió un autogolpe, emulando a otros gobernantes latinoamericanos.